Al tratarse de un territorio sobre el cual ningún país tiene soberanía adquirida, en el año 1959 se realizó el “Tratado Antártico”, un acuerdo de varios estados participantes relacionados con la Antártica. Con este tratado se buscó enfriar la búsqueda de aspiraciones territoriales y dedicar a la Antártica a expediciones pacíficas, sobre todo del tipo científicas.
Otro de los motivos del tratado radica en establecer el intercambio de información sobre las actividades llevadas a cabo por los firmantes en cualquier parte del continente. Dentro de los países adherentes al acuerdo se encuentran Argentina, Bélgica, Chile, Australia, Francia, Nueva Zelanda, Japón, Noruega, Rusia, Gran Bretaña, Irlanda del Norte y los Estados Unidos. La firma del acuerdo contempla que este no se convierta en una cofradía cerrada, sino que deja las puertas abiertas para que cualquier país miembro de las Naciones Unidas u otro estado se sume a la iniciativa.
El Tratado Antártico considera dos tipos diferentes de miembros: aquellos denominados consultivos o plenos, con voz y voto en la toma de decisiones relacionadas al espacio antártico. Los otros miembros se denominan no consultivos o “adherentes”, con su derecho restringido a opinar solamente.
Luego de este acuerdo internacional que data de 1959, los países se comprometieron a no extraer minerales (uranio, carbón, hidrocarburos, oro y cobre) ni exigir nuevamente soberanía durante 50 años.
Debido a las condiciones climáticas, no resulta nada fácil explotar los minerales de la zona.
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