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La flora en la Antártida
El desierto Antártico cumple con los requisitos climáticos para convertirse en una de las zonas más extremas y rigurosas del planeta. El frío, la sequedad del ambiente y los vientos que azotan el área, dificultan notablemente el desarrollo de cualquier tipo de vida.

Una de las condiciones fundamentales para el crecimiento de la flora, reside en la adaptabilidad del terreno y sus componentes minerales. Muchas zonas de la Antártica están cubiertas por hielos permanentes, mientras que la otra gran porción del suelo es rocoso y poco apto para el crecimiento de flora. Gran parte de la vegetación la encontraremos en las zonas costeras y los nunataks.

Como ya dijimos, la rigurosidad del clima impide el desarrollo de una flora abundante. En el área fueron descubiertas unas 700 especies de algas, 400 diferentes líquenes y 75 variedades de musgos. Su crecimiento es muy lento y no supera los 3 cms.

Uno de los principales componentes de la flora es el Fitoplancton. Este organismo realiza la fotosíntesis y constituye el primer eslabón de la cadena alimenticia. Es el responsable de producir gran parte del oxígeno que hay en la tierra y el agua.
A pesar de su escasez, la flora es uno de los principales motivos de investigación en el continente Blanco.


Principales especies

Líquenes
Están formados por la simbiosis de ciertos hongos y algas verdes. Una de sus características es la gran forma de adaptación a diversos ambientes y su capacidad para soportar y sobrevivir a climas extremos. Su crecimiento es lento, a razón de 1 cm por año y se concentran principalmente en la península antártica como también en las islas adyacentes.

Tal es la adaptabilidad de esta especie, que se han encontrado ejemplares a 86º 30´ de latitud Sur, muy cerca del polo sur. Otra de sus particularidades es la aptitud para realizar la fotosíntesis a temperaturas de -20 Cº y si son tapadas por la nieve (situación normal en la Antártica), pueden absorber el agua que esta tenga.

Algas
El Fitoplancton del cual arriba les contamos, es una de las tantas algas que hay en la Antártica. Básicamente, son grupos de plantas acuáticas que tienen distinta forma, tamaño y color. Dentro de este grupo, encontramos las algas de nieve cuyo color puede variar entre el verde y el naranja. Estas algas producen elementos de carácter comercial muy buscados para su venta.


La fauna en la Antártida
Los animales son uno de los principales componentes que nos motiva para visitar la Antártica. No encontraremos demasiados ejemplares en el continente mismo, sino que muchos de ellos habitan las aguas próximas a la tierra. Las óptimas condiciones del ambiente marino son fundamentales para el desarrollo de la vida aquí. La oxigenación del agua, los largos períodos de luz y la abundancia de sales son algunas de las características que fundamenta nuestra afirmación.

No hay tantas especies como en otros continentes pero es llamativa la cantidad de ejemplares que tiene cada una. Una de las condiciones principales de los animales es su resistencia al frío ya que las temperaturas a las que se enfrentan son muy bajas. Esto hace que posean un mecanismo corporal de autorregulación de la temperatura para así adaptarse al ambiente.

Entre las aves, encontramos diversos albatros, el cormorán, petreles, la paloma antártica y una importante variedad de pingüinos. De los últimos, se destacan el “Emperador”, el pingüino de Pico Rojo, Adelia y Papúa.

También encontraremos gran cantidad de mamíferos como elefantes marinos, leopardos de mar, focas, ballenas, orcas y lobos marinos.

Otro de los ejemplares destacados de la zona y no precisamente por su tamaño, es el krill. Este pequeño espécimen cuya longitud oscila entre los 3 y 5 cms, resulta fundamental en la alimentación del resto de los animales. El gran pequeño es uno de los pilares de la cadena alimentaria y el manjar de pingüinos, focas, aves y sobre todo de las ballenas.

Krill (Euphasia Superba), palabra de orígen Noruego con la que se denomina al crustáceo del orden de las Eupahusiceas. Con forma similar a la de un camarón, mide entre unos 3 y 5 cm de longitud. Se calcula un total de ejemplares en el Antártico aproximado a las 5 millones de toneladas.

Muchas veces fue planteada la posibilidad de explotar este recurso para la alimentación humana, pero grande ha sido la oposición ya que un desequilibrio en su población podría resultar fatal para la biodiversidad antártica.

El krill se constituye en el alimento básico de aves, peces y sobre todo ballenas, quienes pueden consumir hasta dos toneladas de una sola vez.

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